En una compraventa inmobiliaria, la figura del notario existe tanto en España como en los Países Bajos, pero su rol y alcance son sustancialmente distintos. En el sistema neerlandés, el notario asume un papel activo y exhaustivo: investiga la situación legal y urbanística del inmueble, gestiona los fondos de la operación a través de una cuenta segura, asesora imparcialmente a ambas partes y se encarga directamente de la inscripción de la propiedad en el registro correspondiente. Es, en la práctica, una figura central que coordina y garantiza todo el proceso.
En España, en cambio, el notario actúa principalmente como fedatario público. Su función es dar fe del acto jurídico, comprobar la identidad y capacidad legal de las partes y autorizar la escritura pública de compraventa. Si bien realiza verificaciones registrales básicas —como la titularidad o la existencia de cargas inscritas—, no lleva a cabo una due diligence completa, no gestiona el pago del precio ni inscribe directamente la propiedad. Estas responsabilidades recaen en el comprador o en los profesionales que este designe.
Esta diferencia estructural explica por qué, en el mercado inmobiliario español, resulta clave contar con asesoramiento legal independiente. A diferencia del notario neerlandés, el notario español no detecta posibles incidencias urbanísticas, técnicas o legales no reflejadas en el Registro. Por ello, despachos especializados como Welex recomiendan siempre apoyarse en un abogado inmobiliario que proteja los intereses del comprador, anticipe riesgos y garantice una operación segura, especialmente para clientes internacionales acostumbrados a otros sistemas notariales.



